TROFEO


UNA ESTRELLA FELINA EN EL FESTIVAL DE CINE ITALIANO

Si hubiese que hablar, a partir de la segunda mitad del Siglo XX hasta nuestros días, de una verdadera eminencia del design italiano en complementos de decoración en cerámica - pero caracterizados por significativos volúmenes productivos y de distribución internacional - y en ese momento nombrar, dicho de manera simple, y están conectados: para los diseñadores Aldo Londi (Montelupo Fiorentino, 1911-2003), para las manufacturas el grupo Bitossi. Una elección que se puede motivar con un solo ejemplo: en 1959 Aldo Londi creó para Bitossi una línea, la celebérrima Rimini blu - que luego no fue solo azul - siempre desde entonces, y hasta ahora, en producción, y coleccionada en todas partes. Vaya por delante una objeción: pero con Londi y Bitossi colaboró durante años también Ettore Sottsass. Claro, sin embargo, sus artefactos estaban y están destinados a un mercado más limitado y especializado, y los más célebres entre éstos como Le ceramiche delle tenebre eran de hecho obras de artes aplicadas. Mientras que los de Rimini blu de Aldo Londi, mucho más relevantes cuantitativamente, son también cualitativamente interesantes. Porque el concepto detrás del proyecto era una innovación decorativa sobre la tradición, en una mezcla de referencias y lenguajes de extrema cultura e inteligencia. Por una parte, el privilegio de ese azul hacía referencia a la vez el antiguo Azul de Persia, color mítico en la historia de la cerámica; del azul del mar de Rímini - que demasiado azul no es - capital del turismo de masas durante el milagro económico italiano; e interfería con las investigaciones de un famoso artista de vanguardia como Yves Klein, que en 1960 depositaba su International Klein Blue.

Por otra parte, la ornamentación geométrica grabada en pasta de arcilla recordaba la llamada "cerámica impresa" aparecida en el Neolítico; esta técnica primordial, sin embargo, era funcional para una producción en serie; por último, en el aire de la época había una gran atención por un arte multiplicado y programado, a menudo basado en la interacción de los módulos geométricos. Francamente menor era la innovación en la fabricación de los objetos, al menos por lo que se refería las formas vasculares, en las que, en cambio, Sottsass era extravagante e irreverente muestra: es suficiente recordar el título de una exposición suya de cerámicas mayúsculas en la galería Sperone de Turín en 1967: Menhir Ziggurat Stupas Hydrants e Gas Pumps. Pero también en la serie Rimini, azul o no azul, Aldo Londi demostró a su manera la fantasia por lo que se refiere al moldeado en una tipología especial de artículos: las pequeñas esculturas de animales, entre los cuales al menos una decena son gatos. Solo tres ejemplos de estos felinos de Londi: uno alto, sentado, convertido casi en algo sólido y geométrico, egipcio, cuya postura hierática e inquietante está enfatizada por órbitas de los ojos de rapaz nocturna; uno largo, a cuatro patas, con una cabeza triangular perfecta, muy abstracta; y otro en la misma posición montado utilizando una forma tubular "industrial" para el cuerpo, y para la cara un disco plano. Estos dos últimos gatitos son la primera prueba de un adelgazamiento de los volúmenes que se convertirá en radical, cuando un gato suyo entra en una nueva línea proyectada por él para Bitossi denominada Arkitectura, que retoma algunos modelos de Rimini blu pero decorándolos solo en blanco y negro. Es el gato negro, convertido ya, de hecho, en bidimensional, y gráficamente grabado con vibrátiles efectos óptico-visuales, el que se ha sido elegido por el Istituto Italiano di Cultura di Mdrid como versión cerámica de símbolo de su Festival de Cine Italiano. Por tanto, Aldo Londi hacia el final de su carrera había llegado casi a la "picturalización" del diseño, teorizada en Italia por Alessandro Mendini, o de la cerámica, sostenida en Estados Unidos por Mark Del Vecchio en el ensayo Postmodern Ceramics (Thames and Hudson, Londra-New York 2001). En definitiva, los artefactos, y los gatos de Londi han recorrido mucho camino. Ahora uno ha llegado incluso a una alfombra roja a Madrid.

Enzo Biffi Gentili

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