GIULIO BASE, DIRECTOR ARTÍSTICO DE ESTA EDICIÓN
10-11-2025 - NOTICIAS
Giulio Base
El cine – nuestro amadísimo séptimo arte- alberga desde siempre una función a la vez paradójica y milagrosa: dar testimonio de la realidad y, al mismo tiempo, trascenderla. Es documento y visión, memoria y profecía, raíz e impulso.
Ninguna otra disciplina consigue fundir con tal intensidad la inmediatez de lo real y el vértigo de la imaginación.
Un festival que se ponga al servicio de este arte no puede limitarse a un simple escaparate de títulos: éste se convierte en polis cultural, comunidad efímera y al mismo tiempo necesaria, que se regenera cada año en torno a una idea de cine y de mundo. Es un laboratorio de pensamiento, lugar de interpelación, horizonte de diálogo.
Con su décimo octava edición, el Festival de Cine Italiano de Madrid supera el umbral de la madurez. Dieciocho años no representan solo un número, sino un paso simbólico: el tránsito de la juventud a la responsabilidad. Es la edad en la que se logran las elecciones, se trazan trayectorias, se asume un destino. Así, también nuestro festival: de reseña episódica a institución cultural; de celebración contingente a proyecto duradero; de lugar de paso a fortín reconocible en el panorama internacional.
Y lo hace en España, en Madrid, ciudad que desde hace siglos dialoga con Italia y con quien comparte afinidades profundas en el arte, la literatura, la música y el teatro. Traer aquí el cine italiano significa situarlo en un espacio vital y cosmopolita, donde las miradas se entrecruzan y los lenguajes se fecundan recíprocamente.
En este sentido, la dirección artística asume el deber más alto: no solo dar forma a un programa sino orientarlo; no solo ordenar obras sino componer un diseño. Cada selección se convierte en un gesto crítico y poético, acto estético y también ético.
Mi experiencia, adquirida en más de cuarenta años de cine – como actor, guionista, director, productor, y en los últimos años como seleccionador y director de otro prestigioso festival internacional como el de Turín – me conduce hoy a leer las obras como piezas de un mosaico más amplio, capaces de iluminarse recíprocamente y de devolver un sentido de conjunto.
El programa de este año se estructura según esta visión:
- Concurso cortometrajes como forja de futuros talentos.
- Concursos documentales como sismógrafo inquieto del presente.
- Nuevos Autores como espacio en el que la dirección nace de la hibridación con otras disciplinas artísticas.
- El Gran Cine Italiano como suma de un lenguaje que sabe ser al mismo tiempo popular y de autor.
- Festival Off como memoria viva: tributos, rarezas, obras dedicadas a los más jóvenes, porque sin raíces y sin herederos no hay futuro.
Para hacer este diseño aún más concreto, cada película estará acompañada por la presencia de un talento – director, actor, autor – que dará testimonio de la génesis y el recorrido. Es un valor añadido que considero imprescindible y que he podido realizar gracias a mi pertenencia al oficio y las relaciones de amistad y estima cultivadas en los últimos años dentro del cine italiano.
En el centro, como asta portante, el diálogo Italia-España: dos culturas autónomas, pero hermanas, que en el cine encuentran un espejo recíproco y una promesa de enriquecimiento compartido.
Todo ello nace de una convicción que no es solo estética sino antropológica: el cine es un lenguaje universal, y aún así cada festival conlleva una responsabilidad específica. En Madrid esta responsabilidad es doble: dar testimonio de la vitalidad del cine italiano y construir un puente firme con la cultura española. Un puente que no sea mera celebración, sino intercambio vital, amistad cultural destinada a perdurar.
Vivimos en una época llena de cambios repentinos, de crisis y de incertezas globales que ponen en discusión antiguas certezas. En este escenario, el cine no ofrece soluciones inmediatas, sino que abre interrogaciones, despierta conciencias, dilata el espacio del pensamiento. No cierra mundos: los abre de par en par.
El Festival de Cine Italiano de Madrid, llegando a la mayoría de edad, asume, por tanto, esta misión: no solo lugar de proyección, sino espacio de reflexión; no solo calendario de citas, sino plataforma de diálogo cultural; no solo escaparate de nuestro cine, sino voz que trae a Italia al corazón de Madrid, y desde Madrid la hace resonar en Europa y en el mundo.
Giulio Base
Director Artístico – 18º Festival de Cine Italiano de Madrid


